Esta es una de esas historias que rompen el alma y que el tiempo no podrá borrar de la memoria del Istmo.
Entre las trece vidas que el destino arrebató en el tramo de Nizanda, se encuentra la de Elena Solorza Cruz, una pequeñita que apenas comenzaba a descubrir el mundo y cuya sonrisa se apagó antes de llegar a su destino.
Elena subió al Tren Interoceánico en Ciudad Ixtepec junto a sus padres, llena de la ilusión que solo un niño puede sentir al viajar en un gigante de hierro. Quizás esperaba con ansias ver los paisajes por la ventana o llegar finalmente a Coatzacoalcos para abrazar a su familia y celebrar el fin de año.
Sin embargo, ese viaje que debía ser una experiencia mágica de vacaciones decembrinas, se convirtió en una tragedia que hoy deja a sus padres con los brazos vacíos y el corazón destrozado.
La pequeña Elena no llegó a ver el 2026. Su vida se detuvo en el kilómetro 230, ahí donde el “Orgullo del Istmo” se transformó en escombros.
Hoy, su nombre se convierte en el símbolo más doloroso de este accidente; una estrella que brilla antes de tiempo en el cielo de Oaxaca.
Nos unimos al inmenso dolor de su familia, rogando por consuelo ante esta pérdida irreparable y deseando que la luz de Elena les guíe en medio de tanta oscuridad.
Descansa en paz, pequeña Elena. ![]()
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